Jasper después del fuego: fotografiar el comienzo de un nuevo bosque
En mayo de 2025 viajé junto a Camila Contreras a Jasper National Park para documentar el bosque un año después del gran incendio — el viaje terminó en un reportaje publicado internacionalmente por Earth Island Journal.
En mayo de 2025 viajé junto a Camila Contreras a Jasper National Park para documentar las consecuencias del gran incendio de 2024. Lo que comenzó como una salida de Mapeando Rutas terminó convirtiéndose en un ensayo fotográfico y un artículo publicado internacionalmente por Earth Island Journal.
El incendio que transformó Jasper
La noche del 22 de julio de 2024, varios incendios comenzaron en los alrededores de Jasper, Alberta. Tres focos ubicados aproximadamente 22 kilómetros al sur de la localidad fueron provocados por rayos y se fusionaron rápidamente. Otro incendio surgió al noreste de la comunidad y su origen continúa bajo investigación.
Jasper llevaba varios días bajo condiciones extremas: una prolongada ola de calor, vegetación excepcionalmente seca y fuertes ráfagas de viento. Según Parks Canada, los niveles de humedad de los combustibles forestales eran los más bajos registrados en más de seis décadas.
En menos de 48 horas, el fuego alcanzó el pueblo.
Más de 20.000 residentes y visitantes tuvieron que ser evacuados desde la localidad, los campamentos y diferentes sectores del parque. Las llamas avanzaron con una intensidad extraordinaria, proyectando brasas a kilómetros de distancia y superando algunas barreras naturales y cortafuegos.
Cuando finalmente fue declarado bajo control, el 7 de septiembre de 2024, el perímetro afectado alcanzaba aproximadamente 32.700 hectáreas.
Las consecuencias humanas y materiales fueron enormes. El incendio destruyó 358 estructuras —cerca del 30 por ciento del pueblo— y provocó la pérdida estimada de 806 unidades habitacionales. Viviendas, negocios, hoteles, iglesias e infraestructura turística desaparecieron. Dentro del parque, 255 instalaciones de Parks Canada fueron destruidas o dañadas.
A pesar de la magnitud del desastre, el trabajo de cientos de brigadistas permitió salvar alrededor del 70 por ciento de las estructuras de Jasper, además de servicios esenciales como el hospital, las escuelas, las plantas de tratamiento y los principales comercios. La historia completa del incendio y de la recuperación puede consultarse en el Jasper Recovery Framework de Parks Canada.
Regresar para observar
En mayo de 2025, menos de un año después del incendio, viajé a Jasper junto a Camila Contreras.
La visita formaba parte de Mapeando Rutas, nuestro proyecto audiovisual dedicado a documentar fauna, paisajes y rutas de exploración. Sin embargo, esta vez el viaje tenía un sentido diferente: queríamos observar cómo estaba respondiendo el territorio después del fuego.
Llegar a Jasper fue enfrentarse a dos realidades simultáneas.
Por una parte, estaban las huellas evidentes de la destrucción: extensiones de árboles ennegrecidos, troncos caídos, suelo quemado y sectores donde el paisaje parecía haberse detenido. La magnitud del incendio podía leerse en la repetición de cientos de árboles convertidos en siluetas oscuras.
Pero, al mirar con mayor atención, aparecía otra historia.
Entre los troncos carbonizados comenzaban a brotar hojas nuevas. Los pastos recuperaban lentamente el suelo y algunas flores aportaban los primeros colores sobre el negro. La fauna también había regresado. Durante nuestro recorrido documentamos venados desplazándose entre los árboles quemados, pájaros carpinteros buscando insectos bajo la corteza y un oso negro alimentándose dentro del paisaje afectado.
La cámara permitió observar algo que podía pasar inadvertido a simple vista: el bosque no estaba vacío. Estaba cambiando.
El fuego también forma parte del bosque
Un incendio de esta intensidad produce pérdidas profundas y puede destruir hábitats críticos, matar animales, modificar rutas de desplazamiento y afectar especies que dependen de condiciones ecológicas muy específicas. El humo también puede causar problemas respiratorios y desorientar aves migratorias mucho más allá del área directamente quemada.
Los incendios severos pueden, además, alterar las propiedades del suelo, aumentar la escorrentía y favorecer procesos de erosión. Y cuando los incendios extremos se repiten con demasiada frecuencia, el ecosistema puede no disponer del tiempo necesario para completar su recuperación.
Sin embargo, el fuego también es un proceso natural dentro de los bosques boreales de Canadá.
Al eliminar parte de la vegetación acumulada, abre espacios para que la luz alcance el sotobosque y devuelve nutrientes al suelo. Algunas plantas pioneras encuentran precisamente en estos espacios las condiciones necesarias para desarrollarse. El calor también puede abrir los conos del pino lodgepole y facilitar la dispersión de sus semillas.
Después del incendio de Jasper comenzaron a aparecer pastos, ásteres, fireweed, árnica, goldenrod y otras especies. Estos nuevos brotes atraen a herbívoros como venados y alces. Arbustos como el Canada buffaloberry, frecuente en áreas quemadas, constituyen una importante fuente de alimento para osos negros y grizzlies.
Los árboles muertos tampoco son necesariamente elementos inútiles. Los insectos que colonizan su madera alimentan a distintas especies de pájaros carpinteros. Su presencia puede ser una señal de que las relaciones ecológicas comienzan a reorganizarse.
Esto no significa que el bosque ya se haya recuperado. La regeneración es un proceso largo y su resultado dependerá de la severidad del incendio, las condiciones del suelo, el clima y la frecuencia de nuevos eventos extremos.
De las fotografías a una publicación internacional
Al regresar del viaje comprendimos que las imágenes no debían quedarse solamente en nuestras redes sociales o archivos personales.
El registro podía ayudar a explicar una idea más amplia: después de un incendio, la aparente destrucción también puede contener las primeras señales de un nuevo ecosistema. Pero esa recuperación no está garantizada, especialmente en un contexto climático que favorece temporadas de incendios más largas, secas e intensas.
A partir de las fotografías comenzamos a desarrollar un texto de divulgación ambiental respaldado por investigaciones sobre regeneración de bosques boreales, efectos del fuego sobre la fauna y manejo posterior de los ecosistemas.
El material llegó a Earth Island Journal, una publicación estadounidense especializada en medioambiente. A partir de ahí comenzó un proceso editorial colaborativo. El texto y las imágenes fueron revisados, se contrastaron datos y se realizaron correcciones entre los autores y el equipo de la revista hasta alcanzar la versión definitiva.
El 21 de enero de 2026 se publicó “Life After Fire”, firmado por Camila Contreras y por mí. El reportaje reúne nuestras fotografías de los bosques quemados, la vegetación emergente, un venado, un pájaro carpintero de tres dedos y un oso negro, acompañadas por una explicación sobre la recuperación ecológica de Jasper y las amenazas que enfrenta.
Puedes leer el reportaje completo en Earth Island Journal.
Lo que aprendí detrás de la cámara
Esta experiencia reafirmó mi forma de entender la fotografía de naturaleza.
No se trata solamente de encontrar un animal o construir una imagen atractiva. También puede ser una herramienta para registrar procesos que ocurren lentamente, relacionar evidencia con territorio y traducir fenómenos ambientales complejos en historias que otras personas puedan comprender.
Fotografiar Jasper después del incendio fue documentar una pérdida, pero también presenciar el comienzo de algo nuevo.
El paisaje que conocíamos ya no existe de la misma manera. El bosque que crecerá tampoco será idéntico al anterior. Algunas especies regresarán, otras encontrarán nuevas oportunidades y ciertas zonas podrían transformarse completamente.
La naturaleza posee una enorme capacidad de regeneración, pero no es invulnerable. Su recuperación necesita tiempo, equilibrio ecológico, investigación y decisiones responsables.
Ese fue el verdadero resultado del viaje: no solamente una serie de fotografías o una publicación internacional, sino una nueva forma de mirar los territorios afectados por el fuego.
A veces, para entender cómo comienza un bosque, primero debemos aprender a observar lo que queda después de que las llamas desaparecen.

































